El futuro del liderazgo

El líder es un ser inspirador, es un imán que te atrae y te lleva hasta ese punto específico en el que se desea estar. Para lograrlo, todo líder afronta el reto de demostrar lo que se tiene, que se es alguien, sabio, fuerte, humilde, realista y persuasor.

Cuando el candidato encuentra su propósito, sabe la causa por la que está aquí, por la que quiere gobernar, ha sembrado durante mucho tiempo, sabe quién determina lo que quiere ser: que es él mismo y se muestra con un perfil atractivo. Entonces, todo empieza a tener sentido en el liderazgo.

Estos cinco atributos bastan para forjar a un líder y ayudarle en su camino para alcanzar el poder. Sin embargo, no siempre es imprescindible aglutinar estas cinco características para ganar un proceso concreto. Existen casos de candidatos que no teniendo estos atributos, o incluso teniéndolos en negativo, han llegado al ejercicio del poder. ¿Por qué es posible? Porque, como se ha indicado al principio, se parte de la base de que los líderes se pueden hacer.

Precisamente, en este camino de crear liderazgos, la sociedad afronta nuevos retos que llevarán a la creación de un nuevo perfil. El mundo cambia permanentemente y hay que modificar la forma de pensar en él. Los cambios están ahí, pero aún no están interiorizados, con lo que no es posible preverlos. En este punto en concreto, se navega a la deriva, sin radar ni cartografía, o tal vez con una cartografía nueva, tan nueva que aún no se es capaz de descifrar sus lecturas. Sin embargo, los cambios son tan reales como nosotros mismos y, querámoslo o no, somos parte de ellos. Esto nos lleva, inexorablemente, a la necesidad de reescribirlo todo, a pensar y diseñar un nuevo lenguaje que se adapte a las nuevas circunstancias que emergen constantemente.

En este panorama de cambio permanente, no sirven ni los métodos tradicionales, ni los líderes tradicionales. Sin duda, seguirán existiendo mientras no haya alternativas, pero las habrá. Llegará una nueva generación de políticos capaces de identificar y adaptarse a estos nuevos espacios. En este sentido, el líder del futuro será aquel que comprenda ese lenguaje nuevo que se está creando y las plataformas comunicacionales que ya están creadas. Será capaz de usar, e incluso de crear un nuevo lenguaje, con nuevos conceptos, porque los existentes ya no sirven, ya no llenan el sentido de la gente.

Estos políticos del mañana están en ciernes y conformarán la tercera generación política. Serán líderes mundiales porque, a diferencia de los líderes más tradicionales, comprenden celularmente cómo están compuestas las sociedades, dónde se concentra la gente en cada momento, van allí por múltiples vías, a hablarles, y además, lo hacen en un código que ellos entienden a la perfección. Son capaces de comunicarse y hacer clic en el receptor.

Esto será un factor más que lleve a la ruptura en la ‘clase política’ tal y como se concibe en la actualidad. El estratega político debe tener en cuenta todas estas características y entender el liderazgo que demanda la sociedad actual. Solo aquel que comprenda estos aspectos podrá convertirse en la alternativa que los ciudadanos demandan. Escucharán y hablarán en estos nuevos códigos. Entenderán y seducirán a la ciudadanía, ejerciendo una clase de liderazgo hasta ahora desconocida.